La frontera.

Toda ideología, cuando deja de convivir y pasa a imponerse, deja de ser idea y se convierte en dominio.No importa cómo se llame ni qué prometa: cuando pretende prevalecer sobre las demás, se vuelve totalitaria y arbitraria. No por maldad, sino por naturaleza.

El poder, si es poder, puede.Y si puede, no tiene límite.Hablar de limitar el poder es como hablar de limitar la muerte: no se limita, se aplaza. Se contiene un tiempo, hasta que encuentra fricción, desgaste o colapso. Nunca se detiene por ética.

El pluralismo llevado al extremo tampoco suma.Somos la única especie que protege todo, incluso aquello que no puede sostenerse. Eso nos hace humanos. Pero sin criterio, la protección se convierte en disolución. Cuando todo vale, nada pesa. Cuando todo se incluye, nada distingue.

No hay dos personas iguales en el planeta.Y aun así creemos que una idea nos une.Lo que no vemos es que muchas veces nos borra.Pasamos de ser únicos a ser uno más.De individuo a masa.Y eso no suma: merma.Las ideas no conocen al individuo.No lo miran.No lo cuidan.Lo homogeneizan.

Los sistemas no caen por injustos, caen por enquistarse.Cuando creen haber ganado para siempre, se vuelven monótonos.Y lo monótono aburre.El aburrimiento genera tensión.La tensión, cambio.La vida no tolera la inmovilidad.

Frente a todo esto, solo queda una posición: el criterio propio.No como rebeldía, sino como respeto a uno mismo.Disidir no por ruido, sino por coherencia.Porque obedecer sin convicción es traicionarse en silencio.Y aquí aparece una verdad incómoda:lo propio, aunque duela, es propiedad.No como acumulación, sino como frontera.

Sin frontera no hay individuo.Sin algo que sea mío —mi cuerpo, mi tiempo, mi palabra, mi trabajo, mi criterio— no soy persona, soy recurso.La propiedad es límite.Es piel.Es responsabilidad.Por eso duele cuando se ataca lo propio:no se quita un objeto, se desdibuja a la persona.Y por eso la disidencia auténtica no grita.Simplemente no cede.

La frontera no es violencia.Violencia es negar que el otro tenga una.Sin lo propio no hay individuo.Sin individuo no hay criterio.Y sin criterio, toda obediencia es servidumbre.

He dicho.

Curro Andújar